


Viajar es maravilloso, pero cada vez que viajamos o viaja un ser querido, tenemos una extraña sensación que proviene del riesgo que todo viaje conlleva. Está el miedo a volar, el miedo a los accidentes de tráfico, el miedo a que nos roben, a perdernos en algún sitio, etcétera. Afortunadamente, estas cosas no ocurren a menudo, pero siempre queda esa sensación que nos hace desconfiar. Y lo que le ocurrió a Dorothy aquel día le heló la sangre en las venas. No sólo en las suyas, a todos los que esperaban a sus familiares y amigos en aquella estación de tren les pasó lo mismo, pero empecemos por el principio. Dorothy llegó a la estación de tren para encontrarse con su padre, que llegaba en el último tren, pero al igual que el resto de sus familiares en la estación de tren, se sorprendió cuando vio que el tren estaba vacío, pero las maletas de los pasajeros estaban sentadas en él. Dorothy llamó al detective Justin para que esclareciera el caso, así que veamos cómo evolucionan las cosas.
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